samedi 8 septembre 2007

Llegada de Cristóbal Colón a Portugal.

Llegada de Cristóbal Colón a Portugal.

Ángel de Altolaguirre y Duvale.

Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo 21 (1892), pp. 481-492.


—[481]→

Es para la mayoría de los biógrafos de Colón, punto de partida la fecha de 1470, en que suponen su establecimiento en Portugal, para determinar las vicisitudes por que atravesó el gran Almirante y probar que antes del año 1474, en que Toscanelli dirigió á Alfonso V su célebre proyecto de navegación transatlántica, ya Colón se hallaba en el vecino reino y en su mente había germinado la idea de buscar aquel camino, que más breve que el que los lusitanos seguían á lo largo de la costa africana, había de conducirle á las soñadas regiones del oro y la especiería.

Fúndase la hipótesis en la carta en que, según el padre Las Casas, dirigió el Almirante en 1505 á los Reyes Católicos y en la que les decía: Dios nuestro señor milagrosamente me envió acá, porque yo sirviese á vuestra Alteza, dije que milagrosamente por que yo fuí al rey de Portogal que entendía en el descubrir más que otro alguno, él le atajó la vista, oído y todos los sentidos, que en catorce años no le pude hacer entender lo que yo dije.

—482→

Conocida la presencia de Colón en España en 1484 ó principios del 85, parece en efecto lógico el deducir que no sólo se encontraba en Portugal en 1470, sino que en este tiempo comenzó las gestiones cerca de aquella corte para que le apoyase en su propósito de navegar la vía del Oeste; tal es la consecuencia que han sentado Navarrete, Humboldt, Washington Irving, Tiraboschi, Prescott, Lafuente, Cappa, y en tesis general la mayor parte de los historiadores que han tratado este asunto.

Sin embargo, un examen detenido de las frases citadas, comprobado con las noticias y datos que los eruditos han logrado allegar y que tienen un valor incontestable como fuentes de conocimiento, nos hará ver el error cometido en la historia del padre Las Casas al fijar en catorce años el referido período.

Basta el recordar que suspendidas en 1472 por Alfonso V las expediciones á la costa occidental de Africa, á causa de sus guerras con Castilla, sólo se reanudaron con gran empuje y éxito bajo el reinado de su sucesor D. Juan II, que ocupó el trono lusitano en 28 de Agosto de 1481, y en Diciembre del mismo año ya envió una expedición mandada por Diego de Azambuja para fundar el Castillo de San Jorge de la Mina, primer establecimiento europeo en Guinea; que más tarde pobló, con los hijos menores de los judíos expulsados de España, la Isla de Santo Tomé, que llegó á ser el centro de comercio de la costa africana; que en su tiempo Diego Can llegó en su primera expedición hasta el Zaire y en la segunda á Cabo Padrón; que en 1486 Juan Alfonso de Aveiro descubrió el reino de Benim, y que, por último, Bartolomé Díaz, dando vista al cabo que apellidó de las Tormentas, y D. Juan II, de Buena Esperanza, señaló la meta tanto tiempo perseguida por los navegantes lusitanos.

No cabe duda, por tanto, que el rey á quien únicamente pudo referirse el Almirante, como el que entendia en el descubrir más que otro alguno, era D. Juan II; y á él fué á quien, según testimonio unánime de los cronistas españoles y portugueses, presentó sus proposiciones.

La demostración de que ni aun el P. Las Casas atribuye las gestiones de Colón en Portugal á los tiempos de Alfonso V, se encuentra en el mismo cap. 28 del libro I de su Historia de las —483→ Indias en que hace la cita. En él, y después de narrar los fundamentos en que el Almirante apoyaba su idea y los fines que se proponía, añade: Deliberó de buscar un príncipe cristiano que le armase los navíos que sintió haber menester y proveyese de las cosas necesarias para tal viaje, considerando que tal empresa como aquella, ni comenzarla ni proseguirla y menos conservarla podría, sin que persona real y poderosa para ello le diese la mano y pusiese en camino. Pues como por razón del domicilio y vecindad que en el reino (el de Portugal) había contraído (ya fué súbdito del rey de allí lo uno, lo otro PORQUE EL REY D. JUAN DE PORTUGAL VAGABA Y ACTUALMENTE DEL TODO SE OCUPABA EN LOS DESCUBRIMIENTOS DE LA COSTA DE GUINEA Y TENÍA ANSIA DE DESCUBRIR LA INDIA, lo tercero por hallar el remedio de su aviamiento cerca), PROPUSO EL NEGOCIO AL REY DE PORTUGAL.

Es, pues, evidente que el monarca lusitano á quien se dirigió Colón fué el rey D. Juan II, pero como éste no entró á reinar hasta el año de 1481, y ya en 1481 se hallaba el Almirante en España, de aquí que tenga que ser inexacto el que en catorce años no lograse que lo entendiera.

Tampoco resultaría comprobación suponiendo que siguió simultáneamente las gestiones en ambos reinos de Portugal y Castilla, porque no es de admitir las continuara después de firmar en 17 de Abril de 1492 las capitulaciones con los Reyes Católicos, con lo que sólo resultaría, aun contando hasta esta fecha desde el mismo día en que ocupó el trono D. Juan II, un periodo de poco más de diez años.

Aun cuando las palabras del Almirante son clarísimas, «en catorce años no le pude hacer entender lo que yo dije», el señor Asensio, que en parte ha visto el error cometido por Las Casas, trata de explicarlas; y fundado en el testimonio de los historiadores, acepta que Colón llegase á Portugal en 1470 ó 71, y supone que los catorce años los cuenta desde que comenzó á ocuparse de sus proyectos hasta que fueron rechazados por D. Juan II1. Tal interpretación, si bien ingeniosa, no puede admitirse en buena crítica, porque si el Almirante, como opina el Sr. Asensio, se —484→ refiriera al tiempo que duró la gestación de la idea, ¿cómo había de decir que el rey no lo entendió en catorce años, si nada hizo ni nada le dijo para que lo comprendiera hasta que en el período de 1481 á 84 le espuso el proyecto? Además, el Sr. Asensio trata de esclarecer el error fundándose en el error mismo, los historiadores á que alude hablan de la ida á Portugal en 1470 ó 71 precisamente, porque la deducen de que Colón, según las anteriores palabras, debía ya practicar gestiones en dicha época; si esto es erróneo, errónea será también la fecha del arribo, ó al menos se citará sin el menor fundamento en que apoyarla.

La gran autoridad de que goza el P. Las Casas se funda en haber tenido en su poder, para escribir la Historia de las Indias, gran parte de los papeles del Almirante, y en la escrupulosidad con que corregía los borradores; esto no obstante, no fallan en ella errores como en toda obra humana, máxime si se emprende á la avanzada edad en que comenzó á escribir su historia el obispo de Chiapa. En la cita que estudiamos nos deja en la duda si lo dicho por el Almirante lo fué en una carta el año 1505, como expone en el libro I, cap. 28, ó de palabra en las conferencias que en el mismo año tuvieron en Segovia, y que el autor narra en el cap. 37, libro II; pues no es de presumir que dentro del mismo año, y sin responder á especial objeto, le repitiera las mismas palabras. Acaso se refiera Las Casas á alguna nota que el Almirante conservaba de lo que medió en dichas conferencias, y ambas citas correspondan á un mismo hecho; pero sea nota ó carta, ó ambas cosas, lo cierto es que el P. Las Casas no tenía presente el documento al escribir su historia, puesto que sólo menciona que lo vió escrito de mano del Almirante; pudo tomar de él nota ó dejar el contenido confiado á su privilegiada memoria, pero en ninguno de los dos casos nos podrá dar su dicho tanta fe como cuando afirma tener en su poder los documentos originales que cita. El error es tan evidente que aun sin estas circunstancias tendría que reconocerse; y consiste, en nuestra opinión, en haber sustituído la palabra meses por la de años, fundándonos para estimarlo así en que las gestiones tuvieron que ser, según hemos visto, posteriores al año 1481; pero como el mismo Colón nos dice que había estado en el Castillo de la Mina, cuya construcción se —485→ empezó á fines de dicho año y terminó en el siguiente, por corta que fuera su estancia é inmediato el regreso á Lisboa y comienzo de las gestiones, no podrían exceder en mucho de los catorce meses, toda vez que en 1484 ya se encontraba en España. El dicho de Vasconcellos en su crónica de D. Juan II, de que Colón llegó á Portugal por el año 1483, refiriéndose sin duda á su vuelta de Guinea, confirma esta hipótesis.

Corroborando lo expuesto y en comprobación de nuestra idea de que el Almirante no se estableció en Portugal hasta el año 1476, existen datos que por indiscutibles tienen que ser aceptados, y otros que conducen á hipótesis tan verosímiles y tan en concordancia con la historia general, que á falta de documentos fehacientes deben suplirlos. Aparecen entre los primeros el acta notarial de 20 de Marzo de 1472 en que Colón figura en Saona como testigo del testamento de Nicoló Monleone; la de 26 de Agosto siguiente en que en la misma ciudad suscribe, en unión de su padre, una obligación á favor de Juan de Signorio, y la de 7 de Agosto de 1473 en que en unión de su hermano segundo Juan Pellerín y también en Saona autoriza el consentimiento dado por su madre Susana Fontanarosa á la venta de una finca realizada por su padre Dominico Colombo, apareciendo más tarde en 1476 inscripto en el registro de la avería en Génova.

Estos datos, si por sí solos no demuestran de una manera evidente que Colón no pudiera ir con alguna frecuencia á Portugal en asuntos de su comercio, son bastantes para hacer palpable el error del P. Las Casas, puesto que están comprendidos dentro de los catorce años que, según dice, duraron las gestiones.

Pero aún existe más, y es punto que requiere detenido estudio por la poca atención que ha merecido á los historiadores. En carta que, según Las Casas, dirigió Colón á los Reyes Católicos por el mes de Enero de 1495, les decía: «A mí acaeció que el Rey Reyner que Dios tiene, me envió a Túnez para prender la galeaza Fernandina, y estando ya sobre la Isla de San Pedro de Cerdeña, me dijo una Saetia que estaban con la dicha galeaza dos naos y una carraca; por lo cual se alteró la gente que iba conmigo y determinaron de no seguir el viage salvo DE SE VOLVER Á MARSELLA POR OTRA NAO Y MÁS GENTE.»

—486→

De estas palabras se ha querido obtener la consecuencia de que Colón tomó parte en la expedición naval que, para reponer en el trono de Nápoles al Rey Renato, organizó en 1459 su hijo Juan de Anjou.

Si como sostienen, después de detenidos estudios, historiadores de tanta nota como Cladera, Bossí, Spotorno, Saliniero, Robertson, Muñoz, Casoni, Sanguineti, Mayor Canale y Davezac, nació Colón por los años de 1445 á 47, es poco probable que tomara parte en la campaña de 1459; pero desde luego resulta inverosímil que á los 14 ó 15 años de edad le confiara Renato de Anjou el mando de una nave y menos tan delicada y peligrosa empresa.

En la historia encontrarnos un período durante el que, y con mayor fundamento que en la campaña de 1459, podemos considerar realizado el hecho que el Almirante expone: Los catalanes sublevados contra la autoridad de D. Juan II de Aragón habían elegido Conde de Barcelona y Rey de Aragón á Renato de Anjou2, que envió por su lugarteniente á su hijo el Duque de Lorena, en tanto que él buscaba en Génova y Francia elementos para sostener la guerra; vencidos los rebeldes por la heroica constancia de D. Juan II fueron poco á poco perdiendo terreno hasta verse cercados en Barcelona el año 1472; la situación de la plaza se hizo tan difícil á fines de este año, que Renato de Anjou intentó un último esfuerzo; y «sabiendo, dice Zurita, que estaban en Barcelona en gran estrecho y padecían mucha hambre, envióles por mar el socorro que pudo con armada de genoveses que eran sus confederados3, lo que corrobora García de Santa María al exponer que «el Rey, mudando su ejército y gente de armas sobre Barcelona, en Pedralbas se aposentó; puesto guarniciones en Valdoncella, Sancta María de Jesús y en las torres más cercanas, Bernat. de Vellamarí con veinte galeras é deciseis naves gruesas la ciudat oprimida tenía, la cual careciendo de vituallas, el Rey Reyner con genoveses mayor ejército de mar enviado socorrió. El Rey, perseverando en su empresa, continuamente la ciudat opremía; escaramuzas é fechos de armas nunca —487→ cesaban, experimentando por mar é tierra todas las cosas que á los más previstos guerreros ocorrian»4.

Haciendo un estudio comparativo entre ambas campañas, veremos cómo todas las probabilidades están en favor de que el hecho de que nos ocupamos se verificase en la de 1472; dejando aparte la circunstancia de la edad de Colón, que ya de por sí constituye un argumento serio, resulta que el nucleo de la escuadra organizada para reponer á Renato en el trono de Nápoles, se reunió en Génova, y si bien en Marsella se llegaron á armar hasta doce galeras, no se detuvieron en este puerto y marcharon á reunirse con las de Génova para la proyectada expedición5, que fué mandada y organizada por Juan de Anjou, hijo de Renato, sin que exista ningún antecedente de la presencia de éste en Marsella durante el tiempo que se armaron las galeras; y aunque estuviera, ni es probable que diese órdenes como á la que el Almirante se refiere, puesto que el mando lo tenía confiado a su hijo, á quien en todo caso correspondería dictarlas, ni es posible que un jefe que también conocía el arte de la guerra, destacase una sola galera para expedición tan lejana como la de Túnez, cuando precisamente las naves de Aragón y Nápoles surcaban el Mediterráneo en todas direcciones. En la campaña de 1472, por el contrario, Marsella es el centro de las operaciones navales como el puerto más importante y próximo á Barcelona, Renato de Anjou activa y dirige personalmente los armamentos para el socorro de la plaza, que efectuó, como dicen Zurita y García de Santa María, con una escuadra genovesa, y el Mediterráneo estaba libre de las naves de Aragón, ocupadas en el bloqueo de Barcelona. Concuerdan, pues, todos estos datos con las palabras del Almirante de que la tripulación quería volverse á Marsella por más barcos y gente, señal de que de este puerto había salido y en él quedaban mayores fuerzas navales de su bando.

A partir de la rendición de Barcelona, en Diciembre de 1472, —488→ ningún dato tenemos, salvo la ya citada acta de 1473 y la inscripción el año 1476 en el registro de la avería de Génova, que pueda darnos noticias concretas de las vicisitudes por que atravesó el Almirante hasta su llegada a Portugal; sólo por el dicho de don Fernando, repetido por Las Casas, sabemos que sirvió durante mucho tiempo á las órdenes del Almirante francés Colón el mozo, y así podemos suponer que con él tomó parte en las tristes hazañas de este semi-almirante semi-pirata, que, á ser ciertas las que el Sr. Paz y Melia le atribuye en sus artículos insertos en los números 23 y 24 de la revista El Centenario, justificarían en cierto modo el interés demostrado por D. Fernando en cubrirle densas nubes, hasta ahora impenetrables, la historia de este período de la vida de su progenitor.

De todos modos resulta evidente el error del P. Las Casas que ha servido de fundamento para considerar á Cristobal Colón establecido en Portugal desde 1470, y puesto que esta fecha no puede servirnos de punto de partida, expondremos lo que refiere D. Fernando, con cuyo relato, que inserta, se encuentra conforme el P. Las Casas.

«En tanto, dice D. Fernando, que el Almirante navegaba en compañía de Colón, el mozo, lo cual duró mucho tiempo, sucedió que entendiendo que cuatro galeras gruesas venecianas volvían de Flandes, fueron á buscarlas y las hallaron entre Lisboa y el Cabo de San Vicente, que es en Portugal, donde llegados á las manos, pelearon fuertemente y se acercaron de modo que se aferraron de ambas partes, con tanto odio y coraje, que andaban de un bajel á otro, hiriéndose y matándose, no sólo con las armas, sino con alcancías y otros fuegos; de manera que habiendo peleado desde por la mañana hasta por la tarde, muerta y herida mucha gente de ambas partes, se pegó fuego entre la nave del Almirante y una galera gruesa veneciana, y como estaban atadas con ganchos y cadenas de hierro, instrumento que usan los hombres de mar para este efecto, no pudo ser socorrida una ni otra por lo mezcladas que estaban y por el asombro del fuego, que en poco creció tanto, que no hubo más remedio que echarse al agua para morir más presto»; continúa diciendo que el Almirante ganó á nado la costa y pasó luego á Lisboa.

—489→

Con una completísima uniformidad, todos los biógrafos de Colón é historiadores modernos rechazan la certeza de esta relación por estar probado que el encuentro con las galeras venecianas ocurrió en 1485 fecha en que el Almirante se encontraba ya en España; á este propósito dice Washington Irving: «el solo modo de salir de esta duda sin poner en tela de juicio la veracidad del historiador es suponer que D. Fernando haya confundido alguna otra acción en que estuviera su padre con la de las galeras venecianas que encontraba recordada sin fecha por Sabélico.»

A pesar de tan acertada observación y del gran interés que para la historia encierra el asunto, hasta estos momentos nadie se habia tomado el trabajo de estudiarlo pareciendo mucho más sencillo el procedimiento seguido por el conde Roselly de Lorgues6 que en vista de que el combate á que Sabélico se refiere ocurrió en 1485, lo suprime por completo y haciendo arder la nave que el Almirante tripulaba logra que este llegue á nado á la costa portuguesa, que es sin duda lo que el verídico Conde considera más importante para la historia.

El gran movimiento científico á que ha dado lugar la celebración del cuarto centenario del descubrimiento de América comienza á dar sus frutos y simultáneamente aparecen en Italia, Portugal y España nuevos datos que poco a poco van esclareciendo la confusa historia del Almirante; el Sr. Cesare de Lollis en su obra Cristoforo Colombo nella leggenda e nella Storia dice que el señor Salvagnini ha descubierto un documento en que se refiere en los mismos términos que lo hace D. Fernando, un combate naval ocurrido en el Cabo de San Vicente en 1476.

El Sr. Paz y Melia en sus citados artículos de la Revista del Centenario, describe extensamente un combate sostenido el 13 de Agosto de 1476 no lejos del cabo de Santa María entre la armada del pirata Cullan y cuatro naves genovesas; Ruy de Pina lo menciona en el capitulo 194 de su crónica de Alfonso V en la siguiente forma: «Salió de Lisboa para Francia (Alfonso V) con 16 navíos en el mes de Agosto (1476) y arribó á Lagos, donde Cullan, famoso corsario francés, certificado ya de las amistades de Portugal —490→ y Francia, andando poderoso en el mar fué allí á hacer reverencia al Rey; ce concertó hiciera armada en su favor contra Castilla para lo que se juntó con Pedro de Tayde, hidalgo portugués, que con la nao grande llamada Lopiana y otros navíos andaba también de armada. Los cuales todos de allí á pocos días, siendo el rey D. Alfonso en Francia, aferraron en el Cabo de San Vicente cuatro carracas de Génova y habiendo por fuerza entrado en una, se prendió fuego en un barril de pólvora en que dió un disparo, de lo que resultó que todas las naos y carracas que estaban encadenadas ardieran con muerte y pérdida de mucha gente, en que dicho Pedro de Tayde también murió.»

Esta narración, que somos los primeros en dar á conocer á este objeto, concuerda sustancialmente con la de Alfonso de Palencia7 que ha servido de base al trabajo del Sr. Paz y Melia; y aunque parece diferenciarse en el punto en que ocurrió el combate, que Palencia dice fué el Cabo de Santa María y Rui de Pina el de San Vicente, los dos se refieren al mismo lugar ó sea al pequeño espacio que media entre ambos cabos, siendo más propio el nombre dado por el cronista portugués por encontrarse mucho más próximo al de San Vicente el sitio preciso de la contienda, que según Palencia fué la costa de Lagos cuyos vecinos la presenciaron y en sus lanchas recogieron los 150 náufragos que ocasionó; entre los que, según todas las probabilidades se encontraba Cristobal Colón. En lo que realmente existe alguna diversidad es en la fecha, pues mientras el historiador castellano lo supone ocurrido antes de llegar Alfonso V a Francia, Rui de Pina dice que fué después, concordando ambos en todas las demás circunstancias del relato: de esperar es que el documento descubierto por el Sr. Salvagnini decida esta pequeña diferencia.

Con respecto á la narración de D. Fernando, sólo se separa de lo expuesto por Rui de Pina en la nacionalidad de las galeras, que el primero dice eran venecianas y el segundo genovesas, siendo de notar que Palencia también afirma que eran genovesas, circunstancia que acaso quiso ocultar D. Fernando por no presentar —491→ á su padre cometiendo un verdadero acto de piratería con sus conciudadanos, toda vez que Francia y Génova se encontraban en paz, y la Señoría había sido siempre la fiel aliada de Francia en las guerras de Italia y el Rosellón. En los demás extremos existe una completa uniformidad entre los relatos de Rui de Pina y D. Fernando, el mando de la armada francesa por Callan, el lugar del combate, número de las naves genovesas ó venecianas, y que eran de gran porte, y el aferramiento de los buques y su incendio que ocasiona una verdadera catástrofe; y para mayor abundamiento conocemos sin género de duda que la citada armada francesa cruzaba en 1476 las aguas del Atlántico, no sólo por haber acompañado á Francia al rey Alfonso V, cuyo hecho citan todos los autores, sino porque una vez que lo dejó en Colibres, vuelve á aparecer en ellas como se deduce del «Requerimiento hecho en 10 de Octubre por el Botiner de la nao de Deva que estaba en la escuadra surta en Bayona de Galicia, al mando de Ladrón de Guevara, para que saliese al mar con su flota contra Colón, capitán francés; á lo que contestó Guevara «que estaba dispuesto á salir á donde el rey le encomendara y mandara é él viese que cumplía á su servicio, y que estuviese todo preparado y ninguno se separase de su destino»8.

Todos los datos que llevamos expuestos, si al parecer resultan disgregados, guardan sin embargo entre sí una perfecta armonía y en nada se contradicen; Colón, según ellos, pudo navegar como comerciante y en el ejercicio de su industria de laniero, con que aparece en las actas de 1472, hasta fines de este año que acude al llamamiento de Renato de Anjou, y ya en Marsella, y en relación con los marinos franceses, quedarse á las órdenes del Almirante Colón, el mozo, hasta el año 1476 en que la fortuna le arroja á las playas lusitanas.

Do todos modos, creemos haber demostrado que no existe dato alguno por el que podamos deducir, y menos que justifique, que Cristobal Colón se estableció en Portugal con anterioridad á 1476; que, por el contrario, todos los antecedentes que tenemos acusan —492→ su presencia hasta esta fecha en puntos fuera del reino lusitano, y que, por último, con las tres fuentes de conocimiento de tan diverso origen, que dan noticia del combate ocurrido en dicho año en el Cabo de San Vicente, no puede caber duda que dicho combate tuvo lugar, y adquiere de nuevo crédito la tan censurada biografía del Almirante escrita por su hijo D. Fernando.

La fecha de la llegada á Portugal, si á primera vista parece un dato insignificante para la historia, encierra sin embargo una importancia grande; si Cristobal Colón, como refiere D. Fernando, empezó en Portugal á conjeturar que podía navegarse la vía del Oeste, y no se llegó á establecer en dicho reino hasta el año de 1476, no puede ya ofrecer duda que el primero que de una manera científica, y desenvolviendo un plan preciso y meditado, se ocupó de la navegación transatlántica, fué el sabio florentino Pablo del Pozo Toscanelli, que en 25 de Junio de 1474, ó sea dos años antes del arribo de Cristobal Colón, remitió á Alfonso V, por conducto del canónigo Martínez, su tan celebre como conocida epístola y la carta de navegar que había de servir á Colón de indicador y guía en su inmortal empresa.

Ángel de Altolaguirre y Duvale (1892).

Source : www.cervantesvirtual.com - Edición digital a partir de Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo 21 (1892), pp. 481-492.


.....

Aucun commentaire: